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¿Enfermedad mental?

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Hola a tod@s los presentes/lectores. Me hace mucha ilusión publicar mi primer post en esta web y en este blog.

Hoy, como tema introductorio hemos creído interesante empezar por la base. Porque, ¿como vamos a hablar de problemas psicológicos si ni siquiera sabemos que queremos decir al escuchar “estoy enfermo”? ¿Cómo se clasifican las enfermedades mentales según los profesionales de la salud mental? ¿Cuando consideramos que existe una “patología” (palabra fea donde las haya)? Eso es lo que intentaremos aclarar, así que…manos a la obra!!

¿Qué es y que no es enfermedad mental?

Lo primero que tenemos que tener claro es que, para considerar qué es patológico y qué no lo es, no existe un único criterio. Lo más parecido a un criterio único sería preguntarnos: ¿Lo que me pasa afecta a mi vida social, laboral, familiar, escolar, etc, etc? Si la respuesta es un gran y rotundo SI, tal vez estemos ante algo importante. Sin embargo, si decimos NO pueden aparecer casos en lo que sigamos ante un problema. Por ejemplo:

“A mi me gusta entrar en casa de mi vecina octogenaria y olerle la ropa interior. Me hace tan feliz…”

Vaya vaya, nuestro sabueso amigo acaba de tirar por tierra el criterio anterior. Su actividad no influye en su vida y, es más, lo convierte en una persona tremendamente afortunada (y poco recomendable como vecino). Obviamente este es un caso extremo en el que hay de por medio delitos como el allanamiento de morada o parafilias o prácticas sexuales “desviadas” (sobre las que hablaremos algún día).

Por lo tanto, los criterios de enfermedad no pueden tomarse de forma aislada. Se valoran todos a la vez, es la mejor forma de no equivocarnos. Los criterios de los que hablo son los siguientes:

  • Criterio normativo: para ello es necesario usar la estadística. Tenemos unos valores de lo que la mayoría de gente hace, a eso le llamaríamos normalidad. Si amigos, mamá se equivocaba. Si todos se tiran por un puente la mejor forma de no parecer loco es tirarse también.
  • Criterio social: lo que está valorado por la mayoría como comportamiento raro es lo que se considera “enfermo”. Es curioso, hace no pocos años la homosexualidad era vista como una enfermedad… Menos mal que los tiempos cambian.
  • Criterio subjetivo: hay gente que parece tener una vida perfecta, de ensueño. Y en ocasiones esa misma persona siente que no puede más, que nada le hace feliz y que la vida es únicamente sufrimiento. Si uno se siente mal, es un claro indicio de que algo no funciona correctamente.
  • Criterio biológico: este es el que más se aleja de la psicología. En un mundo ideal, tras hacernos un análisis de sangre el médico nos diría: ” tiene la depresión por las nubes caballero” o “lamento comunicarle que se le han disparado el colesterol y la fobia social señora”. Podemos utilizar este criterio cuando nos encontramos ante problemas neurológicos (y aún así, para diagnosticar definitivamente un Alzheimer se debe esperar hasta la autopsia).

Menos el último (estás enfermo o no lo estás), los demás criterios entienden la salud y la enfermedad como una línea. En esa línea hay grados que van desde la persona que es asquerosamente sana y “happy” a la que nada malo le ocurre nunca, hasta la persona que realmente se encuentra mal. El enfermo no es distinto del sano. Es más, si ese “supuesto sano” hubiera vivido las cosas que vivió ese “supuesto enfermo” tal vez estaría peor. Hay que hacer una valoración total de cada criterio para tener pruebas suficientes al afirmar que una persona realmente sufre una enfermedad mental. Por lo tanto podemos resumir este punto en lo siguiente:

LA SALUD Y LA ENFERMEDAD SON PUNTOS DE UN MISMO CONTINUO. NINGÚN CRITERIO POR SI SOLO DETERMINA LA ENFERMEDAD DE NADIE. HAY QUE TENER UNA IMAGEN GLOBAL DE LA PERSONA Y SU FUNCIONAMIENTO DIARIO.

Clasificando la enfermedad mental

Si hemos dicho que la enfermedad mental es un continuo… no tendría sentido utilizar etiquetas del tipo “Trastorno Depresivo Mayor”. Entonces, ¿porque los profesionales (algunos) lo usan?.

En primer lugar, cualquier clasificación es una forma de economizar recursos y simplificar la realidad. Permite el uso de un lenguaje común entre los distintos profesionales de la salud y guía la investigación hacia el desarrollo de tratamientos concretos para cada tipo de enfermedad. Sin embargo, tiene su lado oscuro. ¿Soy una persona depresiva o tengo depresión? En muchas ocasiones los diagnósticos se convierten en rasgos que persiguen a la persona a lo largo de toda su vida, mucho tiempo después de haber superado ese episodio de ansiedad, tristeza, etc. Cuando hablamos de enfermedades que requieren un tratamiento médico preventivo de por vida, el paciente lo vive de forma muy frustrante y se resiste a aceptar el diagnóstico. Sería el caso, por ejemplo, de la Esquizofrenia o el Trastorno Bipolar (sobre las que hablaremos más adelante). Incluso en los dos casos anteriores, podemos darle una vuelta de rosca al diagnóstico y plantearlo de una forma menos aversiva (tras los episodios tempranos, cuando la enfermedad no ha avanzado demasiado).

¿Qué es la enfermedad mental?

Si a pesar de todo esto, el lector sigue interesado en aprender más sobre cuales son los manuales de clasificación más utilizados por los profesionales, aquí debajo puede echarles un vistazo:

  1. Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-IV-TR/DSM-5): incluyo las dos últimas versiones, dado que no existe acuerdo general acerca de la última versión (DSM-5) y muchas veces se sigue empleando el anterior (DSM-IV-TR).
  2. Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-10): esta clasificación ya tiene sus añitos, aunque la nueva versión está al caer.

 

¿Primera vez al psicólogo? Aquí algunos consejos

Mucho hemos avanzado desde que la psicoterapia comenzó sus andanzas y la figura del psicólogo, poco a poco, se va haciendo sitio en nuestra cultura. A raíz de ciertas críticas realizadas en la década de los 50, la psicología tuvo que ponerse las pilas. Actualmente tenemos formas de clasificar las terapias según su mayor o menor eficacia, probada con distintos estudios y para según que clase de problemas. Cada persona es distinta y, por lo tanto, cada terapeuta también lo es. Aún así, es necesario exigir a estos unos mínimos profesionales.

Cuando llegamos a una consulta de psicología, sea cuál sea el motivo, debemos saber con que nos encontramos. Hay muchas escuelas y enfoques, pero actualmente la orientación tiende al ecleptismo (es decir, un mix de técnicas recogidas de las distintas escuelas). Esto no quiere decir que sea mejor ni peor. Aquí van unas recomendaciones para todos aquellos que tienen dudas.

1. INFÓRMATE: seguro que cuando vas a elegir tostador o botas para el invierno inviertes una parte importante de tiempo en comparar alternativas. Aquí es más de lo mismo. Pregunta a personas cercanas, los que están contentos con su terapeuta es por algo. En el caso de que te de “cosica” porque es algo que no quieres difundir, recurre al Colegio Oficial de Psicólogos de tu zona. Las fundaciones, asociaciones también pueden ayudarte.

2. PREGUNTA: una vez con tu terapeuta (tras una larga búsqueda). En la primera sesión es responsabilidad del profesional explicar la forma de trabajar, el número de sesiones, etc. En el caso de que esto no ocurra (no tendría porqué ser así), es importante que tomes las riendas y exijas un derecho que es tuyo.

3. NO TE DEJES ENGATUSAR: debes sospechar de 2 cosas.

  • ¿Una sola técnica?:  nuestra vida cuenta de muchos aspectos; trabajo, familia, amigos, amor, ocio, etc. Quitando el ibuprofeno, no hay medicación, técnica, estrategia, truco o receta de la abuela que sirva para todo. El Neurofeedback (puede que hablemos de él alguna vez) no te va a sacar de una depresión y a la vez va a mejorar tus niveles de colesterol. El Mindfulness, por sí mismo, no es suficiente para reestructurar una desorganización familiar que implica a varios miembros. Un profesional competente, tras una evaluación adecuada debe hacerse una idea general de qué, cuándo y cómo va a tratar, en qué orden y con qué técnicas (que obviamente no van a ser la misma para cada aspecto).
  • “Ya has llegado a mi, tu relájate y disfruta que ahora voy a curarte”: el profesional de la psicología va a ser el espejo en el que tu te reflejas. Puede que él decida cuando es mejor llevar a cabo cada paso, pero esos pasos sólo puedes darlos por ti mism@. Si alguien te promete una recuperación sin enfrentarte a nada, sin que cambies nada… mejor si inviertes tu dinero en otra cosa (en ibuprofeno por ejemplo).
  • Transferencia: no, no me refiero a tu numero de cuenta. En la corriente del psicoanálisis se acuñó este nombre, que puede ser generalizado a cualquier profesional de la salud. La transferencia es lo que te hace sentir el profesional que se sienta al otro lado del escritorio. Tienes que sentirte cómod@ y escuchad@. Tienes que sentir que no te juzga y que te comprende, que puedes ser sincer@ y abrirte. Tal vez te haga enfrentarte a situaciones que llevas evitando mucho tiempo, pero tienes que percibir este reto como una oportunidad que te ofrece tu terapeuta porque de verdad quiere tu mejora. Si no congenias o no acabas de sentirte a gusto, no lo dudes, no es para ti (muchas veces pasa con grandísimos profesionales, no es culpa de nadie, es sólo que no existe compatibilidad terapeútica suficiente).

Para acabar

Lo que ahora vives, ese malestar, es tan real como tú lo sientas. Sólo podemos entender realmente el dolor y el sufrimiento en primera persona. Esto no quiere decir que sea algo definitivo y siempre va a haber profesionales capacitados para ayudarte a sobrellevar o acabar con esa carga. No tengas miedo a los estereotipos y las malas lenguas. Ir al psicólogo no es de locos, lo que es de locos es estar mal y no ir al psicólogo. Igual que cuando nos duele el pecho nos presentamos al día siguiente en el cardiólogo, es necesario acudir al profesional de turno cuando la vida se vuelve difícil. Verás como en poco tiempo valoras esa decisión que has tomado y te encuentras mejor.